Small Wall (Triptych) 45,7 x 111,8 Papel de arroz sobre madera y gesso, 2011
NON MULTA, SED MULTUM
Unas palabras sobre la obra reciente de Kanako Noda
Lorena González
"El ser –dice el tao- ofrece las posibilidades; éstas se utilizan gracias al no-ser". El espacio tratado así deja de ser enumerable, sin dejar por ello de ser plural: ¿y no es esta oposición, apenas sostenible, ya que excluye a la vez a la unidad y el número, a la dispersión y el centro, lo que permite interpretar la dedicatoria de Webern a Alban Berg: "Non multa, sed multum"
Roland Barthes
El mundo contemporáneo está irrigado por una cadena persistente de tensiones y demandas, de exigencias y soluciones, de honores transitorios y logros aparentes que congestionan en nuestra mirada un poderoso flujo de imágenes confundidas, persistencias enrarecidas por los fantasmas ilusorios de su propia sobresaturación. Non multa, sed multum es un antiguo proverbio griego atribuido a Plinio el Joven que en esencia significa: no muchas cosas, sino mucho.
De todas las aristas que pueden desprenderse de esta acción, encontramos un importante grupo que en cierta forma constituye una parte esencial de la producción más reciente de la artista japonesa Kanako Noda. Residenciada en Montreal, esta joven creadora de origen nipón se formó en la Academia de Bellas Artes de Bologna. Ha participado en varias exposiciones colectivas y desde el año 2008 ha realizado intervenciones individuales en países como Italia, Japón y Canadá.
Enraizada en el encuentro con el ser transitivo de los elementos y sumergida en las formas de una manifestación visual que se hace posible gracias a las oposiciones vacío-lleno, presencia-ausencia, dentro-fuera; su trabajo complejiza muchas de las verdades que asientan las matrices de nuestro albedrío visual, o de aquellas formas tradicionales que reconocemos y se han legitimado adecuadas para la consecución de ciertos logros formales en el convulso campo del arte.
De este “ser” del proceso artístico, Noda arrebata los puntos o enlaces principales. Del dibujo se aferra a las posibilidades del trazo, de la escultura sondea el volumen y los materiales, de la pintura extrae las variaciones del color. Sin embargo, todos estos principios están dispuestos en funciones discontinuas y negativas de aquellas originales que los han hecho posibles en el imaginario cultural. Un “no ser” que se revela en cada gesto sugerido por la artista: matices y líneas que brotan no desde el pincel o la paleta, sino desde los pigmentos provenientes de la superposición del papel de arroz; maderas tridimensionales cuyos cruces y olores revelan encuentros que son algo más que un soporte, capas de gesso que funcionan como trasfondo y veladura de la materia, rasgos desprendidos que sobrepasan las superficies y se expanden hacia un más allá desconocido e incorpóreo.
Cada contención en la obra de Kanako Noda funciona entonces como la relatoría esencial de todo un espacio en movimiento, silencios que son en sí mismos potencia tangible, fuerzas dispares que se ensamblan en las oposiciones y dejan de ser categorías separadas o enumeraciones al decir de Barthes. Ya no es pintura, ni dibujo, ni escultura, ni volumen. No es nada y al mismo tiempo es la negación-positiva de un todo: objeto significativo, paradoja fundamental gracias a la cual la obra de esta artista se oculta y surge, se visibiliza, se hace posible.
2011

